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Año 8 #84 Octubre 2021

Nell

José Luis Nell fue militante armado del peronismo; inválido por una herida de bala recibida en Ezeiza el día del regreso de Perón, llegó un momento en que quedó sin asistencia y decidió su suicidio al borde del Río de la Plata, a la altura de donde entonces había una estación abandonada de ferrocarril, hoy convertida en un tren turístico.

 

Nell

El sol caía a plomo sobre la Plaza de Mayo; no, no era así, ahí no había sol y el plomo, quizás, estaba por aparecer, pero no estaba bien que dijera quizás, porque estaba decidido a hacerlo, y quizás, ese quizás, establece una duda, una vacilación, algo renuente y frágil que se inclina hacia un lado o hacia otro, como si no hubiera una voluntad firme, no apenas una brisa, un resoplido de un hombre dormido sino con más levedad aun, el apagado silbido de un globo aerostático que se va desinflando lentamente a la espera de estrellarse en el prado. Hay maestros del silbido, que imitan a los pájaros. Es raro que subsista en el hombre esa habilidad, pues parece que las palabras nacen de los silbidos admirativos que luego trabajosamente se vierten en frases que pueden traicionar a la belleza en nombre de la angustia. La voluntad es concreta y cuando se tiene una decisión firme, el resto del mundo se pone entre paréntesis. ¿Qué hace aquí esta tierra húmeda que me rodea, que cubre de barro mi silla de ruedas, que no se detendrá más que ante el desganado pajonal atrapado ya por las últimas ondas del río perezoso? No hay reflejos en las aguas porque entonces no había sol, y de los elementos de la naturaleza que mencionan los filósofos, yo solo percibía la tierra y el viento, aunque sabía que el río estaba ahí cerca, no en vano se llama barranca ese lugar, no llega a ser una hondonada, como sé que es mi vida, que fue mi vida, una angostura infinita, de una manera u otra, agua, viento y barro, que siempre están en nuestros horizontes. Pero era de noche, sin sol y sin luna, con la estación abandonada ahí cerca, una estación abandonada de un ferrocarril abandonado, que poco a poco se oxida, como el puente que une los dos andenes y antes era rojizo y ahora está meramente descascarado. Y los leños que mantienen fijos los rieles se van carcomiendo, como se ha carcomido mi vida de militante. Se van socavando por dentro como una conciencia. A esos leños los llaman durmientes, a los que les debe costar dormir cuando pasan los trenes, pero si ahora no pasaban, ellos podían juntarse más cerca de su nombre, paralelos al suelo, tiesos y sin respirar. Duermen como yo dormiré en un momento más, pero para siempre, dormir así, sin que nada me interrumpa y sin saber si algo me interrumpe, porque el sueño que me espera es definitivo y nadie sabrá cómo llamarlo, y yo mismo me desharé de cualquier posibilidad de nombrarlo. Seré el sin nombre, alguien que llevaría mi nombre si yo pudiera dárselo, y si a otro se lo dan, será para recordarme como un hombre en desgracia, sobre todo mis amigos que ahora empuñan mi silla de ruedas para que establezca en mi soledad íntegra, sin absolución, mi pacto con el sol que me cae en la sien como un plomo, que se inserta sin inmutarse ante el estropicio que crea. El sol con su negro brillo penetrante, inubicable en el cielo, pero sí en mi cabeza, donde cae a plomo, que viene directo a alojarse como partícula enérgica y erguido y sin tropiezos hacia donde corresponde. En esta noche quemada junto a la estación indefensa. La silla de ruedas tropieza con algunas irregularidades del terreno, deja huellas que luego se secan y adquieren formas de terrones obtusos, deformes. Los que manejan mi silla rodante, carromato fúnebre, ortopedia donde finalizan las cosas, son los conjurados con mi muerte, saben lo que hacen porque yo mismo creí que sabía lo que hacía, al obligarlos a ser el cortejo al que le prohibí la culpa, pero no el lamento. Para poder convencerlos de que estén ahí atrás, pisando charcos, enfundados en camperas oscuras, hundidas en la oscuridad ambiente, cuestión por pensar de esa prolongación nocturnal en las vestimentas, tuve que ser enérgico, rabioso y escatológico. ¿Cómo convencer a los amigos de que ya no se puede más? ¿Hay un límite o siempre es posible un paso más? No en mi caso, inválido, sin poder moverme, sin ayuda, perseguido, sin refugio, sin el hogar que me parecía que era una palabra o un concepto que le podía dar a la militancia un sentido y ella dárselo a él, en el sentido de la situación del clandestino, un hogar errante. El hogar del nómade, pero siquiera esa errancia estaba más, con el agregado de que se trataba de armas, la única forma de hacerse sentir, de equiparar el tamaño de las expectativas con la dimensión del peligro. O a la inversa. La decisión estaba tomada, el sol caía a plomo, pero era noche, yo no podía seguir, aunque se me dijo, en un color de voces múltiple, que era posible seguir porque siempre es posible hacerlo. No es verdad. Los vínculos se fueron cerrando, la ciudad era hostil, yo era una carga para quienes más me importaban, y no digo esto por la molestia que me causa haber dicho antes la palabra plomo, de tantas significaciones, para alguno podrá ser una aleación magnífica, es noble la profesión del plomero, pero para mí ingresa de manera oscura, trenzada en muchas cuerdas confusas, en mi voz, la voz con que escucho decirme esta palabra, este concepto, esta notable alusión a una bala y al sol. No había sol, los amigos de esa noche, séquito que maldecía su misión, repudiaba el grisáceo sonido que ahí cerca ofrecía el Río de la Plata, nombre mineral del agua. Divisábamos áreas diferenciadas entre un cielo sombrío y la línea de juncos fundidos con siluetas azabaches que se mueven al compás del clima proceloso, amenazantes. Los amigos atónitos que empujaban mi viaje final resbalaban en ese limo caprichoso, hacía frío, se hundían y se manchaban sus abrigos, pero se levantaban como autómatas regidos por una fuerza inapelable, se sacudían la ropa y seguían. Me llevaban; como títeres sin cabeza. Quería ese borde, quería ese río. Supe de las cárceles, de las columnas que se engrosaban con cánticos y banderas, fui un hombre armado, no sé si algunos pudieron decir que no les tembló el dedo al apretar el disparador, pero a mí sí. A mí sí me tembló el dedo, un insignificante dedo que al temblar advertía de algo, de que un disparo no es una decisión de la historia sino que puede ser también la contingencia de una mano temblorosa, que conoce poco de sí. Todo me impide moverme, los que empujaron mi silla de inválido no hubieran querido hacerlo, ya lo dije, pero somos seres racionales, yo creo también que la revolución tiene sus vacilaciones, esperas y desvíos, pero es un acto racional. A veces la razón indica que no hay más caminos y se extingue para algunos su fervor dialéctico. Este es mi caso. Llevo a mi sien la pistola que unos años antes incautamos de un agente del Estado, eran acciones ingenuas y fáciles. Quizás sea mi homenaje luctuoso a ese hecho. Mi dedo, presumo, esta vez no va a temblar. La bala que tengo en la espina dorsal y me inmoviliza no es la misma que saldrá del oscuro caño que apoyaré en mi cabeza, pero sin que sepa explicarlo bien y sin que tenga ya el tiempo necesario para reflexionar, oprimo ya el percutor y siento que sale la bala, casi igual que aquellas otras, que retornan a mí por mi propia mano. La noche se hace aún más hosca, el postrero oleaje del río, que parece calmo pero es agitado, en el último instante rompe con inesperada reciedumbre sobre la barranca, y las huellas que dejó el rodado se irán secando y se integrarán en poco tiempo más, al barro original.

 

  • Horacio González

    Horacio Luis González (Buenos Aires, 1944-ibídem, 2021) fue sociólogo, filósofo, historiador, escritor, investigador y docente.

    Horacio González obtuvo su licenciatura en Sociología en la Universidad de Buenos Aires en 1970. Se doctoró en Ciencias Sociales en la Universidad de San Pablo, Brasil, en 1992. Desde 1968 ejerció la docencia universitaria. Fue profesor titular en la Universidad de Buenos Aires, la Universidad Nacional de Rosario y en la Facultad Libre de Rosario, entre otras. Era profesor de Teoría Estética, de Pensamiento Social Latinoamericano, Pensamiento Político Argentino en la Universidad de Buenos Aires, y dictó clases en varias universidades nacionales, entre ellas las de la ciudad de La Plata y Rosario.

    Entre 2005 y 2015 se desempeñó también como director de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno.

    Editó junto a María Pía López, Christian Ferrer y otros, la revista El ojo mocho, integró el Espacio Carta Abierta, que nucleó a intelectuales simpatizantes del gobierno kirchenrista como Nicolás Casullo, Horacio Verbitsky y Ricardo Forster.

    En 2004 recibió el Premio Konex por su aporte a las Letras argentinas. Entre sus importantes obras se destacan algunas como:

    • La ética picaresca(1ª edición). Altamira. 1992.
    • La realidad satírica: doce hipótesis sobre Página/12(1ª edición). Paradiso Ediciones. 1992.
    • Decorados(1ª edición). Huellas y Manuel Suárez Editor & Prohistoria. En coautoría con Eduardo Rinesi.
    • El filósofo cesante(1ª edición). Atuel. 1995.
    • Arlt: política y locura(1ª edición). Colihue. 1996.
    • Las multitudes argentinas(1ª edición). Desde la Gente. 1996.
    • La nación subrepticia - Lo monstruoso y lo maldito en la política y la cultura argentina(1ª edición). El Astillero. 1997. En coautoría
    • Restos pampeanos - Ciencia, ensayo y política en la cultura argentina del siglo XX(1ª edición). Colihue. 1999.
    • Las hojas de la memoria: un siglo y medio de periodismo obrero y social en Argentina(1ª edición). Central de los Trabajadores Argentinos. 2000.
    • Historia crítica de la sociología argentina. Los raros, los clásicos, los científicos, los discrepantes(1ª edición). Colihue. 2000. Compilador.
    • La crisálida. Metamorfosis y dialéctica(1ª edición). Colihue. 2001.
    • Retórica y locura(1ª edición). Colihue. 2002.
    • Imperialismo, guerra y resistencia al comienzo del nuevo siglo(1ª edición). Universidad de Buenos Aires. 2003. En coautoría con Eduardo Grüner y Christian Castillo.
    • Filosofía de la conspiración. Marxistas, peronistas y carbonarios(1ª edición). Colihue. 2004.
    • La memoria en el atril(1ª edición). Colihue. 2005. En coautoría.
    • Los asaltantes del cielo. Política y emancipación(1ª edición). Gorla. 2006.
    • Escritos en carbonilla. Figuraciones, destinos, relatos(1ª edición). Colihue. 2006.
    • Paul Groussac: La lengua emigrada(1ª edición). Colihue. 2007.
    • Perón: reflejos de una vida(1ª edición). Colihue. 2008.
    • Entredichos - Osvaldo Bayer: 30 años de polémicas(1ª edición). Ochava Ediciones. 2008. En coautoría con Felipe Pigna y León Rozitchner.
    • El peronismo fuera de las fuentes(1ª edición). Universidad Nacional de General Sarmiento. 2008.
    • Beligerancia de los idiomas. Un siglo y medio de discusión sobre la lengua latinoamericana(1ª edición). Colihue. 2008. Compilador.
    • La batalla por la renta(1ª edición). Las Cuarenta. 2009. Obra colectiva
    • El arte de viajar en taxi. Aguafuertes pasajeras(1ª edición). Colihue. 2009.
    • Historia de la Biblioteca Nacional(1ª edición). Biblioteca Nacional. 2010.
    • El acorazado Potemkin en los mares argentinos(1ª edición). Colihue. 2010.
    • Kirchnerismo, una controversia cultural(1ª edición). Colihue. 2011.
    • Genealogías. Trabajo y violencia en la historia argentina(1ª edición). Homo Sapiens Ediciones. 2011.
    • Decirlo todo - Escritura y negatividad en Carlos Correas(1ª edición). Universidad Nacional de General Sarmiento. 2011. En coautoría.
    • ¿Cómo juzgar al kirchnerismo? Dos miradas contrapuestas sobre la Argentina de la última década(1ª edición). Nuestra América. En coautoría con Isaac Rudnik
    • Lengua del ultraje, de la generación del 37 a David Viñas(1ª edición). Colihue. 2012.
    • Dilemas políticos 2001-2011(1ª edición). Quadrata. 2012. En coautoría con Claudio Lozano y Christian Ferrer
    • Historia y pasión. La voluntad de pensarlo todo(1ª edición). Planeta. 2013. En coautoría con José Pablo Feinmann.
    • Historia conjetural del periodismo. Leyendo el diario de ayer(1ª edición). Colihue. 2013.
    • Las redacciones cautivas(1ª edición). Colihue. 2015.
    • Ecos alemanes en la historia argentina(1ª edición). Biblioteca Nacional. 2015.
    • Tomar las armas(1ª edición). Colihue. 2016.
    • Traducciones malditas. La experiencia de la imagen en Marx, Merlau-Ponty y Foucault(1ª edición). Colihue. 2017.
    • Manuel Ugarte - Modernismo y latinoamericanismo(1ª edición). Universidad Nacional de General Sarmiento. 2017.
    • Saberes de pasillo - Universidad y conocimiento libre(1ª edición). Paradiso. 2018.
    • La Argentina manuscrita - Cautivas, malones e intelectuales(1ª edición). Colihue. 2018.